Cantante en el metro. (Emociones I).



Hace algunos días, realizando mi trayecto diario en la línea 10 de metro de Madrid, presencié una escena que me impactó.

En la parada de Batán, una mujer se subió al vagón. Empezó a cantar una canción. Simplemente dijo, “quiero regalarles una canción de mi tierra”. A medida, que las palabras comenzaron a salir de su boca, el resto de viajeros fué prestando más atención a la señora. Aunque la respuesta del público, se tradujo en risas, miradas de incredulidad y codazos en el brazo del compañero de al lado.

Yo mismo, me quedé perplejo, ya que, simplemente, su voz era pésima e incongruente con la letra que estaba interpretando y, además, su cuerpo estaba inerte y sin ningún atisbo de acompañamiento en la acción que estaba realizando.

Para ser sincero, la pista que encontré acerca de sí lo que estaba recitando era una canción o no, fué que el estribillo se repetió más de una vez.

Centré mi atención en la imagen de la señora y lo que estaba ocurriendo a mi alrededor y, me imaginé que, quizás, estaba recibiendo algún tratamiento psicológico, ya que no podía entender cual era la finalidad de su actuación.

Inmediatamente, otro pensamiento surcó mi mente. Esta vez, me sorprendió el valor con el que esta mujer se presentaba ante los que la rodeaban. Sin inmutarse ante las risas, unas veces contenidas, y otras no tanto, que permanecían en el ambiente.

El tren llegó a su próxima parada, y la mujer seguía cantando. De repente, se abrieron las puertas, y entró en escena, un señor que solicitaba una ayuda para su familia, ya que se encontraba en desempleo y no tenía ningún medio para facilitarles algo de comida.

La voz de este hombre, era potente y casi, instigadora, por lo que la mujer que estaba cantando, simplemente, dejó de hacerlo y se fué al extremo del vagón, en espera de que el tren abriera sus puertas otra vez.

En ese momento, atravesé el vagón, salteando algunas extremidades, caderas, bolsos, carteras y miradas, y me dispuse a tocarla en el hombro, mientras me introducía la mano en un bolsillo y acertaba a sacar una moneda.

Exclamé, “tenga señora”. Ella se volvió. Me miró a los ojos y, entonces,  pude comprobar una mirada limpia, húmeda, con un grado de emoción y expresión, como pocas veces he contemplado, y me dijo:”es una canción de amor de mi tierra, y, sólo quería compartirla con vosotros, porque es muy bonita y para mi significa mucho”.

Mi interpretación de lo que había presenciado unos instantes antes, cambió radicalmente. Más tarde me pregunté porqué esa emoción e intensidad que transmitía su mirada no se había plasmado en aquella canción. Empecé a rebobinar mentalmente, y descubrí que su cuerpo y sus palabras estaban totalmente desconectadas de su emoción. No sabía conectarlas, o, al menos, durante esos momentos no logró hacerlo.

Con esta anécdota, quiero transmitir la importancia de trasladar nuestra emoción al resto de agentes . No ya sólo para lograr una comunicación más efectiva, sino para experimentar  en todo nuestro ser la emoción.

Cuando en mis talleres y sesiones, formulo la pregunta: “¿que emoción estás sintiendo?”. La mayoría de los clientes responden con respuestas como: “bien, mal, tranquilo, disperso, incómodo, tenso, etc”.

Ninguna de estas respuestas podrían ubicarse dentro de la categoría de emociones.

No conocemos cuáles son las diferentes emociones que habitan en nosotros o en el  otro.

Y mucho menos, solemos estar habituados a conectar esa emoción con el cuerpo.

Desconocemos que cuando estamos sintiendo verguenza, por ejemplo, podemos experimentar, según cada persona, varias emociones básicas a la vez: Miedo, tristeza y sorpresa.

No nos han enseñado, que las 6 emociones básicas de las que, cuelgan las demás son: Alegría, tristeza, miedo,  enfado, asco y sorpresa .


cuadro.emociones

Muchos se quedan perplejos, cómo sí estuviera hablando de brujería, cuando preguntan: “¿el asco es una emoción?.

Y es natural. Sí no nos han educado en dicho campo, ¿cómo lo vamos a reconocer?. Y sí a esto le sumas, la tendencia cultural sobre la conveniencia o no de mostrar tus emociones, obtenemos esa falta de conocimiento.

Propuesta:

Trae a tu memoria sucesos en los que experimentaste las emociones nombradas arriba. Empieza con una emoción, siéntela. Ahora crea una escultura con tu propio cuerpo, que represente la emoción que estás experimentando. Permanece así unos minutos, y se consciente de esa conexión entre cuerpo y emoción. Desde ese estado, acompáñalo de palabras (las que te evoque esa emoción. Sin racionalizarlo) y mueve el cuerpo. Desplázate por el espacio e integra todo lo que estás experimentando. Presta atención a cada detalle, puede ser una buena pista para más tarde explorar y profundizar.

Pregúntante, ¿qué emoción te ha resultado más difícil experimentar?. ¿cuáles experimentas con más frencuencia a lo largo del día? ¿cuál la que menos?. ¿y en tus relaciones?.¿qué cambios podrías realizar?¿cómo podrías regular su intensidad y frecuencia?. ¿qué beneficios te reportaría?. ¿qué consecuencias?.

Explora y prueba a introducir pequeños cambios en tus emociones.

También puedes consultar con un profesional que te acompañe en dicho camino. En un proceso de coaching, las emociones ocupan un lugar clave, tanto para el autoconocimiento, como para el logro de tus objetivos y la realización personal.

Avancemos en el mundo de las emociones, experimentémoslas, sintámoslas, ya que de esta manera podemos estar mucho más cerca de conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás.

Un abrazo muy fuerte.