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Esta increíble cinta, dirigida en 2013 por Spyke Jonze (Adaptation) y protagonizada por Joaquin Phoenix y Scarlett Johanson , nos muestra una sociedad futurista, donde proliferan las relaciones afectivas entre humanos y sistemas operativos.

El protagonista, ha sufrido un divorcio y un día decide comprarse un sistema operativo, con el que poco poco, va iniciando una relación. Magistralmente resuelto en la pantalla este aspecto, por cierto.

El argumento es magnífico (oscar al mejor guión original). Theodore, el protagonista trabaja en una empresa cuyo producto es la contratación de la redacción de cartas de corte íntimo para otras personas. Por lo que podemos ver como la sociedad evoluciona también dando soporte a aquello que mejore nuestra vida afectiva.

Mi propuesta para este artículo no es esa evolución tecnológica, aunque tentadora también.

En este caso, me interesa haceros partícipes de cómo ese sistema operativo, crece exponencialmente con el aprendizaje que va obteniendo de todo tipo de información, incluido por supuesto el emocional, y nuestro protagonista, obtiene también de esta manera más conocimiento sobre su forma de amar.

Las palabras del OS (operating system), a través de la voz de Scarlet Johanson están llenas de claridad:

“Estamos en una relación. Pero el corazón no es como una caja que se llena. Crece en tamaño mientras más amas. Soy diferente de ti. Esto no me hace amarte menos, al contrario me hace amarte aún más.”

Siguiendo esta premisa, podemos pensar que este nivel de amor que ofrece el OS es fruto del conocimiento adquirido, de forma que sus palabras se convierten en lo más parecido al amor incondicional.

Aunque esto también ocurre con personas de carne y hueso. Personajes reconocidos por la sociedad que han priorizado sus metas para dedicarlas al servicio de los demás , o incluso personas anónimas que han experimentado una progresión en su forma de amar y de percibir el mundo.

Los dramas en las relaciones que se desatan, a cada minuto, son un reflejo de nuestros miedos y, en última instancia, de una lucha equivocada, porque aquí no hay vencedores. El objetivo debería ser el crecimiento. Y desde mi punto de vista eso es lo más preciado de una relación, el crecimiento compartido, individual y del vínculo.

Merece la pena, poner el foco hacia otras formas de comportamiento en las relaciones, y aprender de ellas.

Michael Brown, en su libro “el proceso de la presencia”, desgrana la estructura del comportamiento reactivo:

1.- disgustarse o enfadarse:

la palabra reacción es por definición visual, la repetición de una acción concreta. Lo que hacemos es evocar un patrón de comportamiento habitual y predecible, que sale a la luz en cada ocasión en que tiene lugar una situación desencadenante similar en nuestra experiencia. Está muy relacionado con los patrones de comportamiento aprendidos, en nuestro desarrollo como individuos.

Revisar este enlace

https://tuprimerpaso.wordpress.com/2013/11/28/patrones-de-conducta/

2.- cada vez que se nos pone a prueba de esta manera, recurrimos a un tipo muy específico de drama, con un mismo objetivo: culpabilizar.

Es el drama que utilizamos para atribuir la responsabilidad de lo que nos ha sucedido a cualquier persona o cosa. Se trata de evitar la responsabilidad de la calidad de nuestras experiencias.

Es el acto de acusar al espejo del reflejo que nos ofrece.

Estos sucesos a los que respondemos de la misma manera, no nos hace crecer ya que siempre esperamos conseguir el mismo resultado: querer llevar razón, afirmarnos en nuestra personalidad, identificarnos erróneamente con nuestro ego, ocultar nuestros miedos, protegernos, salir victoriosos, etc. Todo, por supuesto, construido sobre un erróneo armazón lógico y racional que nos lleva situarnos en el mismo punto de partida.

No ofrecemos un comportamiento distinto, aunque los resultados sigan siendo los mismos. No salimos de nuestra zona de confort. No cambiamos. En definitiva, no crecemos. Se parece más a un esquema de supervivencia que a uno de crecimiento.

3.- el sentimiento de culpa, el remordimiento la vergüenza.

Ya que nos desautorizamos a nosotros mismos, al declararnos  esclavos de unas circunstancias que están más allá de nuestro control.

El esquema práctico que podemos utilizar para ofrecer un comportamiento distinto puede ser este:

1.- despedir al mensajero.

Reconocer que la persona o el acontecimiento que nos pone a prueba no tiene nada que ver con lo que está ocurriendo en realidad: es siddespedirmplemente, el mensajero, que está reflejando un recuerdo que está saliendo a la superficie, desde nuestro pasado no integrado.

 

Es decir no entrar en el drama, en la reacción.no reaccionar contra el mensajero y desahogarnos con él. Darnos  unos minutos, antes de ofrecer una respuesta y no una reacción.

Esto requiere gran coraje y autocontrol, porque exige que rompamos un hábito de toda la vida que nos lleva a introducirnos en nuestro drama.

2.- captar el mensaje.

No recurrir a nuestro predecible e inconsciente drama físico, mental o emocional para pasar a captar el mensaje.


captar

Poner la atención en nuestro interior, intentando describir la naturaleza de la reacción emocional que experimentamos cuando se nos puso a prueba.

Expresamos, “estoy enfadado”, “estoy triste”, “me siento herido”, “me siento solo”, “me siento abandonado”.

Buscamos hasta encontrar la palabra que resuena físicamente con nuestra reacción emocional. Se trata de esa encontrar esa palabra que describa por lo que estamos pasando.

3.- sentirlo.

Se trata de interiorizar la experiencia. Sentirla. Es decir en vez de proyectar las emociones hacia el exterior. Las contenemos. No se trata de reprimirlas. Es una decisión para interiorizar la prueba de que lo que nos hace enfadarnos y reaccionar, está en nuestro interior y que podamos aprender de ella.
sentirlo

Ya que lo que antes pensábamos  que estaba ocurriendo ahí fuera, en realidad lo estamos sintiendo dentro de nuestro cuerpo, lo podemos sentir físicamente.

Lo que los mensajeros  hacen es llamar la atención sobre el hecho de que tenemos un bloqueo emocional interno que nos resistimos a atravesar.

Y esto se vuelve a producir en nuestras vidas, como un bucle, ya que no hemos optado por otro comportamiento ante lo que nos perturba (porque probablemente validamos nuestra reacción, una y otra vez, como correcta, aún a pesar de que siempre conseguimos los mismos resultados).

4.- dejar pasar.

La compasión, entendida como tú puedes venir hacia mi y yo te dejaré pasar sin interferencias, ni juicios.

dejar pasar

La reacción emocional que ha desencadenado el mensajero, es un eco del pasado ( en caso contrario no nos afectaría, sería algo neutro). ¿os paráis a pensar por qué un mismo acto les afecta a unas personas y en otras no causa esa reacción?. Ahí está la clave de lo que aún no hemos resuelto en nuestras vidas, de lo que no hemos integrado.

La compasión que hacemos referencia arriba está al alcance de todos, es también una cualidad humana. Aunque parece que entra en conflicto con la forma que tenemos de resolver nuestro sufrimiento. Porque no estamos preparados. No hemos sido educados así. Lo heredamos de generación en generación, salvo contadas excepciones, como las personas que hacíamos referencia más arriba.

Está relacionado con nuestro yo infantil, que es de donde nacen los miedos que, aún no hemos podido hacer frente.

Un ejemplo, sería dirigirnos a nuestro niño, y decirle: “puedes venir a mí, y yo te amaré incondicionalmente hasta que pase lo que te asusta, lo que te enfurece o lo que te pone triste”, y ser sinceros en esta interacción.

Esto confirma que la calidad de lo que experimentamos fuera de nosotros es un reflejo de nuestras afecciones emocionales internas, que los desequilibrios de un adulto son las desatenciones de un niño, que las lágrimas desintoxican el alma, y que la compasión es la llave que abre las puertas de nuestro corazón.

 

Un abrazo.

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Cantante en el metro. (Emociones I).



Hace algunos días, realizando mi trayecto diario en la línea 10 de metro de Madrid, presencié una escena que me impactó.

En la parada de Batán, una mujer se subió al vagón. Empezó a cantar una canción. Simplemente dijo, “quiero regalarles una canción de mi tierra”. A medida, que las palabras comenzaron a salir de su boca, el resto de viajeros fué prestando más atención a la señora. Aunque la respuesta del público, se tradujo en risas, miradas de incredulidad y codazos en el brazo del compañero de al lado.

Yo mismo, me quedé perplejo, ya que, simplemente, su voz era pésima e incongruente con la letra que estaba interpretando y, además, su cuerpo estaba inerte y sin ningún atisbo de acompañamiento en la acción que estaba realizando.

Para ser sincero, la pista que encontré acerca de sí lo que estaba recitando era una canción o no, fué que el estribillo se repetió más de una vez.

Centré mi atención en la imagen de la señora y lo que estaba ocurriendo a mi alrededor y, me imaginé que, quizás, estaba recibiendo algún tratamiento psicológico, ya que no podía entender cual era la finalidad de su actuación.

Inmediatamente, otro pensamiento surcó mi mente. Esta vez, me sorprendió el valor con el que esta mujer se presentaba ante los que la rodeaban. Sin inmutarse ante las risas, unas veces contenidas, y otras no tanto, que permanecían en el ambiente.

El tren llegó a su próxima parada, y la mujer seguía cantando. De repente, se abrieron las puertas, y entró en escena, un señor que solicitaba una ayuda para su familia, ya que se encontraba en desempleo y no tenía ningún medio para facilitarles algo de comida.

La voz de este hombre, era potente y casi, instigadora, por lo que la mujer que estaba cantando, simplemente, dejó de hacerlo y se fué al extremo del vagón, en espera de que el tren abriera sus puertas otra vez.

En ese momento, atravesé el vagón, salteando algunas extremidades, caderas, bolsos, carteras y miradas, y me dispuse a tocarla en el hombro, mientras me introducía la mano en un bolsillo y acertaba a sacar una moneda.

Exclamé, “tenga señora”. Ella se volvió. Me miró a los ojos y, entonces,  pude comprobar una mirada limpia, húmeda, con un grado de emoción y expresión, como pocas veces he contemplado, y me dijo:”es una canción de amor de mi tierra, y, sólo quería compartirla con vosotros, porque es muy bonita y para mi significa mucho”.

Mi interpretación de lo que había presenciado unos instantes antes, cambió radicalmente. Más tarde me pregunté porqué esa emoción e intensidad que transmitía su mirada no se había plasmado en aquella canción. Empecé a rebobinar mentalmente, y descubrí que su cuerpo y sus palabras estaban totalmente desconectadas de su emoción. No sabía conectarlas, o, al menos, durante esos momentos no logró hacerlo.

Con esta anécdota, quiero transmitir la importancia de trasladar nuestra emoción al resto de agentes . No ya sólo para lograr una comunicación más efectiva, sino para experimentar  en todo nuestro ser la emoción.

Cuando en mis talleres y sesiones, formulo la pregunta: “¿que emoción estás sintiendo?”. La mayoría de los clientes responden con respuestas como: “bien, mal, tranquilo, disperso, incómodo, tenso, etc”.

Ninguna de estas respuestas podrían ubicarse dentro de la categoría de emociones.

No conocemos cuáles son las diferentes emociones que habitan en nosotros o en el  otro.

Y mucho menos, solemos estar habituados a conectar esa emoción con el cuerpo.

Desconocemos que cuando estamos sintiendo verguenza, por ejemplo, podemos experimentar, según cada persona, varias emociones básicas a la vez: Miedo, tristeza y sorpresa.

No nos han enseñado, que las 6 emociones básicas de las que, cuelgan las demás son: Alegría, tristeza, miedo,  enfado, asco y sorpresa .


cuadro.emociones

Muchos se quedan perplejos, cómo sí estuviera hablando de brujería, cuando preguntan: “¿el asco es una emoción?.

Y es natural. Sí no nos han educado en dicho campo, ¿cómo lo vamos a reconocer?. Y sí a esto le sumas, la tendencia cultural sobre la conveniencia o no de mostrar tus emociones, obtenemos esa falta de conocimiento.

Propuesta:

Trae a tu memoria sucesos en los que experimentaste las emociones nombradas arriba. Empieza con una emoción, siéntela. Ahora crea una escultura con tu propio cuerpo, que represente la emoción que estás experimentando. Permanece así unos minutos, y se consciente de esa conexión entre cuerpo y emoción. Desde ese estado, acompáñalo de palabras (las que te evoque esa emoción. Sin racionalizarlo) y mueve el cuerpo. Desplázate por el espacio e integra todo lo que estás experimentando. Presta atención a cada detalle, puede ser una buena pista para más tarde explorar y profundizar.

Pregúntante, ¿qué emoción te ha resultado más difícil experimentar?. ¿cuáles experimentas con más frencuencia a lo largo del día? ¿cuál la que menos?. ¿y en tus relaciones?.¿qué cambios podrías realizar?¿cómo podrías regular su intensidad y frecuencia?. ¿qué beneficios te reportaría?. ¿qué consecuencias?.

Explora y prueba a introducir pequeños cambios en tus emociones.

También puedes consultar con un profesional que te acompañe en dicho camino. En un proceso de coaching, las emociones ocupan un lugar clave, tanto para el autoconocimiento, como para el logro de tus objetivos y la realización personal.

Avancemos en el mundo de las emociones, experimentémoslas, sintámoslas, ya que de esta manera podemos estar mucho más cerca de conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás.

Un abrazo muy fuerte.

Dallas Buyers Club (El Superviviente). (Héroe II).


Dirigida en el año 2013 porJean-Marc Vallée y rodada en tan solo 25 días, con un presupuesto ínfimo,  es una película biográfica basada en la vida de Ron Woodroof (vieja gloria de los rodeos  y con una querencia especial por las drogas y el bourbon), y protagonizada por Matthew McConaugheyJared LetoJennifer Garner y Steve Zahn.

¿qué es aquello que nos hace levantarnos de la cama cada día, aún en las peores condiciones?

¿qué energía mueve a aquellos que tratan de buscar nuevas vías para la solución de sus problemas, o para alcanzar sus objetivos, aunque, una y otra vez se vuelvan más estrechas, hasta el punto de dejarte en un aparente callejón sin salida?.

Hablamos de la supervivencia. La supervivencia, no tiene por qué plasmarse solamente en el hecho de querer vivir o desear continuar la existencia. Qué evidentemente, es nuestro más profundo instinto.

Se trata también de dotar de un sentido a tu existencia. El estado de felicidad, no se alcanza sólamente teniendo las necesidades básicas cubiertas. Se trata de que cuando tus valores, derechos y creencias están siendo vulnerados, saques fuerza de flaqueza y combatas con todas tus fuerzas contra lo que te está siendo arrebatado. Se trata de no traicionar aquello que has decidido que te acompañe en tu camino. Este es el verdadero camino del héroe. En realidad, es la construcción de una sana autoestima y respeto por tí mismo.

Y pasa muchas veces. En el día a día. No hace falta estar recluido en un campo de concentración plagado de esvásticas. O  dentro del grupo de compradores que crea nuestro protagonista. Ya que aquí el contexto nos dirige a una lucha entre los intereses de la administración (influencias, acuerdos económicos,etc) y los de un puñado de seres humanos,  afectados por el  virus VIH, quienes no reciben un tratamiento que está comprobado, que es beneficioso, aduciendo que dichos medicamentos no están aprobados por los organismos reguladores. Y cual es la verdadera razón de fondo, que existe un medicamento que ha sido investigado y fabricado por una compañía farmaceútica, y que es necesario promocionar.

Impresionante lucha, la que lleva a cabo nuestro protagonista.

¿y qué hacemos cuándo nos vemos en una situación en la que está siendo vulnerado aquello en lo que creemos, que forma parte de nuestra esencia?.

Algunos toman el camino pasivo. De mantener el estatus quo. De dejar que pase la tormenta. De hacer como sí no hubiera sucedido nada. De ponerse una venda en los ojos. ¿Os resuena?.

Otros optan por un camino activo. De defender aquello que es importante y esencial en sus vidas. Podemos hablar del “no fallarse a sí mismos”. De ser fiel a aquello que decides que es importante.

Interesante punto de partida.

¿qué hace falta para no fallarse a uno mismo?

  • En primer lugar, podríamos hablar de AUTOCONOCIMIENTO. autocomocimiento¿nos conocemos realmente?. ¿sabemos cuáles son nuestras fortalezas y debilidades ¿y nuestros valores?, ¿qué sentido y prioridad le damos en nuestras vidas?, ¿están presentes en el día a día? ¿qué actividades y comportamientos en nuestra vida diaria, los honran y cuáles los deshonran?.

Propuesta: Ve a un sitio tranquilo. Acomódate y haz un simple listado de actividades diarias. Reflexiona y anota qué valores y contravalores están presentes . Por ejemplo, sí para ti el respeto en un valor, y no lo estás aplicando en alguna actividad, quizás estará presente  su contravalor, que sería la falta de respeto (puede darse en cualquiera de tus entornos: familia, pareja, trabajo, amistad)

Toma consciencia de ello. Ya que te encontrarías ante un conflicto de valores. Y de ahí deriva un malestar creciente, que, en ocasiones, no serás capaz de discernir de dónde procede. En otras palabras. Estás lidiando una lucha interna contigo mismo. Donde la incongruencia entre lo que piensas, lo que dices, y lo que haces no se encuentran en un mismo punto. Han decidido tomar caminos separados. Y a partir de ahí, parece que las cosas no van bien. Surgen los problemas.

Revisa ese listado y date cuenta de sí están presentes, sí no lo están, o sí te gustarían que estuviesen más presente en tu día a día . Entonces diseña un plan para incorporarlos y revísalo periódicamente. Estoy seguro de que la calidad de tus experiencias que vives mejorarán, y la respuesta de tu entorno no se hará esperar.

  •  PONER LÍMITES.

Una vez que hallas completado la fase anterior, decide cuáles son tus límites. ¿Hasta dónde permites que tu entorno rebase estos límites, y entre en conflicto con aquello que para ti es importante?.limites

Nuestro protagonista decide que su entorno es tóxico para conseguir sus objetivos, o, simplemente, para sobrevivir. Y lo deja a un lado.

Tú decides. ¿Cómo son esos límites?: flexibles, infranqueables, sólidos, frágiles…

No estamos hablando de que te conviertas en un indio sioux, que se pone en pie de guerra en cuanto alguien profana su territorio. Aunque sí, de que seas consciente de para qué sirven esos límites que has decidido marcarte, cuál es el objetivo final de estos límites, y sí te están siendo  útiles o no. Una vez que empieces a incorporarlos a tu vida, podrás trabajar con ellos y transformarlos o afianzarlos.

Propuesta: Dibuja una circunferencia y desde el centro traza varias líneas rectas, a modo de los radios de una rueda de bicicleta. Nombra cada porción, que van a ser las principales relaciones que hay en  tu vida: trabajo, pareja, familia, etc.

Indica que valores te gustarían que estuviesen presentes en cada área y toma consciencia de cuáles no están. Con ello podrás tener una mejor comprensión de qué tipo de relaciones mantienes y como construir las que realmente deseas disfrutar.

  •  ASERTIVIDAD.

Ya estamos en la fase del camino. Del día a día. ¿cómo puedo poner en práctica esto en mi vida diaria?. Siendo asertivo.
asertividad

La asertividad suele definirse como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Cabe mencionar que la asertividad es una conducta de las personas, un comportamiento. Es también una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

A continuación, mostramos algunas de las características principales de la persona asertiva:

  • Ve y acepta la realidad
  • Actúa y habla con base a hechos concretos y objetivos
  • Toma decisiones por voluntad propia
  • Acepta sus errores y aciertos
  • Es autoafirmativo, siendo al mismo tiempo gentil y considerado
  • No es agresivo; está dispuesto a dirigir, así como a dejar que otros dirijan
  • Puede madurar, desarrollarse y tener éxito, sin resentimiento
  • Permite que otros maduren, se desarrollen y tengan éxito
  • Pide lo que necesita, dice lo que piensa, y expresa lo que siente, con respeto.

¿qué os parece? Suena bien, ¿verdad?. Aunque no es una tarea fácil. Es algo en lo que tenemos que adiestrarnos.  Paso a paso. Pero sí fijarlo como un objetivo clave, sí es que todavía no somos asertivos, o, deseamos serlo.

  • DISCIPLINA.

Esto es el “core” de cualquier cambio que deseemos realizar en nuestras vidas. Vale para todo. El objetivo final, se traduce en hábitos. Por naturaleza, es más fácil, adoptar hábitos que estén más cercanos al placer, que los que están posicionados alrededor del sacrificio y/ o incomodidad.

disciplinaTomemos el ejemplo de Woodroof. Una vez que decide sus objetivos de vivir más allá de los 30 días con los que fue pronosticado su fin de viaje, se transforma en un auténtico experto en nutrición, que, decide solamente nutrirse de aquello que es adecuado para su organismo.

Una reciente investigación proveniente del University College de Londres reclutó a 96 personas que estaban interesadas en formar nuevos hábitos muy sencillos como ingerir frutas en las comidas o correr 15 minutos al día.

Fue necesaria una media de 66 días para lograr consolidar el hábito. La práctica sin lugar a dudas facilita cierta automatización pero estos avances podrían perderse si la persona abandona el proyecto antes de los 60 días, donde el hábito finalmente se consolida. No obstante, no todas las personas necesitaron de 66 días; a unas pocas privilegiadas les bastó con 18 días mientras que otras necesitaron hasta 254 días, casi nueve meses para lograr consolidar el hábito.

–       Los investigadores además nos hacen notar algunos detalles que podrían sernos de utilidad para nuestra vida cotidiana:

–       Saltarnos un día en el entrenamiento no reduce nuestras posibilidades de formar el hábito.

–       El hecho de necesitar más días para formar un hábito no indica que éste no se consolidará sino que somos personas más resistentes a la rutina.

–       Para formar un hábito en los primeros días es imprescindible una fuerte motivación intrínseca y un elevado grado de persistencia.

  • RECONOCIMIENTO

Reconoce tu esfuerzo y prémialo. Esto mejorará tu relación contigo mismo. Hará que construyas una autoestima más sana. Admírate y expresátelo. Recuerda. De dentro hacia fuera. Sí tu no reconoces tu esfuerzo, tu talento, incluso tus debilidades, tu entorno lo podrá hacer por ti, pero no va a estar todos los días de tu vida para recordártelo, y no lograrás integrarlo.

Reconoce también a tu entorno. Todo lo que te ha ofrecido, te ofrece y te ofrecerá. Admíralo y exprésaselo. Más aún en aquellas situaciones en las que te sientes vulnerable.reconocimiento

Nuestro protagonista, pasa de ser un recalcitrante cowboy texano homófobo , a tener como compañero de viaje en sus últimos años, a un transexual. Y, finalmente, logra reconocerle como una persona que sufre igual que lo hace él, e igual que lo haces tú. Es decir, alguien que siente, con sus miedos, ilusiones, metas, corazas, debilidades, al igual que tú. Esa es la lección de Woodroof. Que la obtiene cuando cambia su marco de referencia. Curiosa y paralelamente, McConaughey, también experimenta un radical cambio en su profesión, al cambiar su marco de referencia, ya que rueda como no está acostumbrado a hacerlo: Tomas de hasta 15 minutos, una sóla cámara y con un presupuesto irrisorio. Y que, recientemente, ha sido recompensado por su entorno profesional, con la mayor distinción.

Propuesta: Siéntate tranquilamente, y haz una revisión de tus hitos o logros. Puedes dibujarlo en una línea, anotando en la parte superior el año en que se produjo. Toma consciencia de esos momentos y analízalos. Desgrana que habilidades, conocimientos, valores, pusiste en práctica.  Reconócelos y valóralos. También revisa tus errores o debilidades, y aprende de ellos. Sí estás pasando por un mal momento, te pueden servir de ayuda para reconectar con tu verdadero yo, y no confundir circunstancias externas, con tu verdadera esencia. Sin lugar a dudas, lograrás ponderarte.

Sonríe. Y date un homenaje. Reconócete y recompénsate. Y adquiérelo como un hábito. Esto también lo puedes aplicar en tu entorno. Puedes reconocer algún talento, en tus amigos, o en el trabajo, o con tu pareja. Simplemente exprésalo con sinceridad. y, recompénsalo también, sí te sale de dentro . Es algo simbólico, pero adquirir este hábito te reportará una mayor calidad en tus relaciones.

Finalmente, me despido con las palabras de nuestro cowboy, “…y tengo una sola vida… una para que signifique algo…”

Un fuerte abrazo.

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